17/7/08

Carta desde el exilio

Estimado compañero,

Alcanzamos hace ya dos semanas nuestro destino en estas tierras baldías, el tiempo es cambiante y molesto, los vientos perturban mi descanso casi tanto como el constante sobrevolar de las rapaces en este yermo desierto.

Dejé la yegua pastando unos hierbajos a un par de leguas, tenía la pata trasera lastimada por lo que temo que mi regreso es del todo imposible, pero no me alcanzó el valor para sacrificarla. Dios quiera que las alimañas que pueblan esas tierras le den una muerte rápida y no haya de sufrir demasiado.

He estado todos estos días buscando agua infructuosamente, recorrimos las roquedas y alcanzamos las cumbres cercanas, cavamos varias brazadas en la cara norte de una colina cercana pero fueron vanos esfuerzos. Sé que las personas que nos prometieron un futuro en esta tierra eran de confianza, pero las fuerzas se agotan y el tiempo se ha convertido en un manto de tristeza que lo inunda todo.

Cuando anochece es el único momento de respiro, salgo de la cueva y miro al horizonte, a la puesta de sol que se aproxima, y en el horizonte veo esperanza y futuro. Son momentos me atrevería a decir felices, en los que dejo que me embriaguen los recuerdos de tiempos pasados, de las tardes en familia rodeados de aprecio sincero en apariencia, fueron tiempos felices hasta la enfermedad…

Pero el amanecer inmisericorde me devuelve al hastío de la búsqueda, al vacío de vagar sin camino y sin rumbo, no estoy seguro de que encontremos agua, no estoy seguro de que Blay y Al sobrevivan muchos más días, temo que cualquier noche sean pasto de las bestias que campan estos lugares

Estoy decidido a seguir buscando, pero las fuerzas flaquean y escuché de otros lugares… temo estar debatiéndome entre una muerte cercana y otra aún más cercana.

Espero enviarte mejores noticias en mi próxima misiva, di a todos que les extraño.

Atte.

César Eduardo

1 comentario:

Likuid dijo...

Esa enfermedad llamada crisis...